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Be-bomb, la guerra transatlántica a través de las imágenes
Por Alicia Escobio Alonso
‘Cuatro veces al museo en Hiroshima,
He visto pasearse a la gente.
La gente se pasea pensativa,
a través de las fotografías,
las reconstituciones,
a falta de otra cosa,
las explicaciones,
a falta de otra cosa
Extracto de la película “Hiroshima Mon Amour”, Alain Resnais, 1959.
Tras la Segunda Guerra Mundial, después de la bomba atómica, en el año 1946 comienza el recorrido de la exposición ‘Bajo la bomba. El jazz de la guerra de imágenes transatlántica. 1946-1956’ que puede ser visitada en Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), desde el 5 de Octubre 2007 al 7 de enero 2008.
Nos adentramos en la genealogía del arte y la teoría de la época de posguerras a través de la segunda planta, dónde el comisario Serge Guilbaut comienza con su intento de hacernos ver la necesidad de la memoria, así como la imposibilidad de una historia lineal, regresamos al pasado para aproximar a nuestra actualidad nombres lejanos entonces, y poco conocidos ahora, tales como Alfred Manessier, Giuseppe Capogrossi, Claire Falkenstein, Gertrude Barrer, Howard Daum, Steve Wheeler, Maria-Helena Viera da Silva, Irene Rice Pereira, Romare Bearden, Byron Brown entre otros. Frente a ellos las obras de los que fueron proclamados los grandes triunfadores en el arte de finales de los cuarenta, Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko, Barnett Newman, Franz Kline a través de los cuales Estados Unidos se grita vencedor también de una Guerra Cultural, París parece haber enmudecido ante las obras monumentales del expresionismo abstracto.

Jackson Pollock, Untitled, 1951
Foto: M. Herling / A. Qwose © J. Pollock
© VEGAP Barcelona 2007
Francia ha de reconstruir las ruinas de la guerra, el individuo francés vive con la memoria de la catástrofe y frente a ello artistas tales como Jean Fautrier, Arshley Gorky, Pablo Picasso, Henri Michaux o Robert Motherwell buscan un lenguaje que se aleje del realismo fascista y que se tiñe bajo una sensibilidad distinta, conducida por nuevos miedos que hasta la guerra resultaban desconocidos.
Hay un debate gubernamental entre París y Nueva York. Los americanos sumidos en la paranoia comunista y las explosiones atómicas; frente a ellos los europeos aferrados a la potenciación de la libertad del individuo, y con campañas de afamados pintores militantes del Partido Comunista, tales como la paloma de la paz de Picasso. Esta discusión se presenta en la exposición a través de películas, periódicos, libros, archivos y entrevistas, y dentro de esta cultura popular no se podía obviar la moda. Donde además de Dior, cuya acogida pública resulta bastante dudosa en esa época; el Thèâtre du Monde de Jean Cocteau, con escasez de medios lo que obligará a mostrar modelos en miniatura no exentos de una curiosa teatralidad.
Al margen de esta separación impuesta gubernamentalmente, los artistas de ambos países comienzan a intercambiar ideas, promotoras en este ámbito galerías tales como Maeght en París o Samuel Kootz en Nueva York, y posteriormente la Galerie Arnaud o la Galerie 8, cuya muestra de las exposiciones entonces exhibidas también tiene cabida en el MACBA. Pero sobre todo la cultura del jazz, centrada en personajes como Miles Davis y Juliette Grèco, con los cuales, así como con la fotografía de Paul Strand nos adentraremos en la planta primera, cuyo carácter se nos muestra más reflexivo. América mira a Francia y Francia a América, y como objetos de observación el uno del otro, ambos parecen desplazados por la propia posición de su observador.

Nicolas de Staël, Nice, 1954
Foto: L. Staelsworth
© VEGAP Barcelona 2007
Pero, nuestro Estado, ¿qué hacía entonces?, si en 1946 en algo estaban de acuerdo Francia y Estados Unidos era en la oposición a la pervivencia de un régimen fascista en Europa. España sufre entonces un aislamiento emprendido por las recién creadas Naciones Unidas, que durará hasta 1950. Así, tres serán los acontecimientos que nos muestren también una apertura cultural al resto del mundo. En 1951, la I Bienal de Arte Hispanoamericano; en 1953, el Congreso de arte abstracto de Santander y la Bienal de Venecia de 1958. Los artistas a través de los cuales se encargará Manuel Borja-Villel de descubrirnos la necesidad innegable de la memoria serán, Antoni Tàpies, Esteban Vicente, José Guerrero, Manuel Millares, Antonio Saura y Luis Feito, todos ellos protagonistas de los que se dará a conocer como informalismo español.
Para finalizar un bombardeo de imágenes enfrentadas, Bram Van Velde versus Jackson Pollock. En escultura aunque escasa, no se puede obviar, un cuerpo difuminado de Giacometti. Karel Appel, como representante del grupo Cobra que tan impactados se vieron por el Art Brut de Dubbuffet. Y finalmente un silencio violento, que se impone bajo un monocromo de Yves Klein, que continúa a partir de Piero Mazoni y Robert Rauschenberg, un cambio en el lenguaje para presentar un mensaje que ya no nos habla de espanto, o de liberaciones del subconsciente de manera analítica y experimental. Un final con puntos suspensivos.
Alicia Escobio Alonso es licenciada en Filosofía especialización en estética del arte contemporáneo y colaboradora en el MACBA en la exposición ‘Bajo la bomba. El jazz de la guerra de imágenes transatlántica 1946-1956’.
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1 comentario
1. daniel // Agosto 20, 2008 - 16:38 #
El arte de postguerra como bien menciona puede ser el arte de la esquizofrenia.
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