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El New Museum de Nueva York: Futuro imperfecto
Por Mariano Del Rosario
Si el nuevo MoMA a ciertas personas le parece aburrido y frío, el New Museum of Contemporary Art es cool y está a la última moda.
Asomándose sobre el horizonte de la en otro tiempo infame y deteriorada calle Bowery, en medio de lofts utilizados para diversos usos, extrañas tiendas de suministros, y hoteles con habitaciones para una sola persona, el New Museum of Contemporary Art de Nueva York, es una etérea caja postmoderna que desprende estilo y brillantez. El tour de force de siete plantas está encajado en un exoesqueleto de metal, y es claramente el nuevo inquilino del barrio.
Cuando se lo divisa desde la calle Prince, casi desde Chinatown, es un monolito imponente que seduce a la mirada. Encima de su entrada, los muros de cristal transparente y las claraboyas dejan entrar la luz iluminando el interior de sus cubos blancos, contrastando con la brillante superficie de aluminio anodizado que absorbe y refleja el resplandor, y produce una refracción dependiendo del clima y la hora del día en la que es contemplado. Diseñado por los vanguardistas arquitectos japoneses Kazuyo Sejima y Rye Nishizawa/SANNA conjuntamente con Gensler de Nueva York, la estructura da la impresión de estar formada por placas tectónicas que se mueven bajo su superficie, trasladando los cubos hacia la derecha de la parte central y produciendo un elegante equilibrio. ¿Se estarán moviendo?
Como el SoHo en sus mejores tiempos —da la impresión que hace siglos— mucho puede decirse de los mitos y leyendas del histórico Bowery, desde las primeras granjas, hasta el mundo predigital de las turbas, los sin hogar, la contracultura, el arte marginal, la música progresiva, la literatura o las actuaciones teatrales. La ubicación del New Museum es un cambio simbólico sustancial en estos turbulentos tiempos, cuando la financiación para las artes y la educación continúa vaporizándose, mientras los precios de las subastas y los beneficios de los fondos de inversión siguen creciendo. Pero en el entorno de unas pocas manzanas, un reducto de espacios alternativos e intrépidas galerías de arte –desde las bien financiadas hasta las que funcionan casi sin dinero– se mantienen de este modo, bien por elección o por necesidad. Pronto se unirán a este núcleo principal, otras galerías satélites procedentes de Chelsea y Williamburg. A pesar de que esto es un gran avance, es también un presagio de tristeza para ciertos antiguos residentes y artistas que están sufriendo las penurias de la burbuja económica, en un tiempo en el que la crisis de los créditos subprime y la recesión domina las noticias en EE UU.

Mark Bradford
Pero si alguna institución puede estimular el diálogo multidimensional y las nuevas ideas incluidas en la visión de su directora fundadora, María Tucker (1949-2006), ese es el New Museum. Tucker fue directora desde 1977 hasta 1999 y erradicó las jerarquías anacrónicas en su trabajo desde lo alto hasta la base. Se puede decir, con evidencias, y quizá presuntuosamente, que su práctica igualitaria fue consecuencia de sus despidos de sus primeros trabajos como comisaria e integrante del personal del Museo Whitney y el MoMA en los inicios de su carrera. Siempre intuitiva, provocadora, intransigente y valiente, ella apoyó los trabajos de los principales artistas considerados controvertidos (i.e, Andrés Serrano, Guerrilla Girls, Hans Haacke, Annie Sprinkle, las batallas de la NEA durante los 80 [National Endowment of Arts, agencia pública norteamericana para la promoción de las artes], etc.) o difíciles en otros contextos –temas de raza, género, política incendiaria, religión, tecnología– y desafió las limitaciones o las nociones convencionales de arte. En una reunión coincidiendo con una visita a su estudio de hace unos años, quien esto escribe recuerda su flemático dictum: “Actúa primero, piensa después –de esta manera tendrás algo en que pensar”. Años después, su consejo a los jóvenes artistas era: “Se irracional, la racionalidad perfecta se convierte en represión perfecta”. Así la exposición Unmonumental del New Museum (Enero 2007/Marzo 2008) ha recogido recientemente esta advertencia.
Unmonumental es una exposición en cuatro partes de artistas que desarrollan estrategias de collage, montaje de esculturas, sonido e Internet. Las primeras dos series reinventan el arte povera, el surrealismo, Fluxus, las ideas dadaístas; y los conceptos del readymade, los objetos encontrados, la fantasía, el espacio, el proceso y el comportamiento humano. Las últimas incorporaciones abordan los aspectos sociales y transformativos de las tecnologías de audio y la web más recientes. Debiendo mucho a sus predecesores —Marcel Duchamp, Mimmo Rotella, Robert Rauschenberg, Nam Jun Paik, George Maciunas, Laurie Anderson, entre otros— los artistas en exposición que no son en ningún caso hijos pródigos, abrazan la pluralidad y la diferencia de una nueva realidad que esencialmente necesita definición. Este es un cambio social y cultural notable, un fenómeno que denota preocupaciones generacionales, ciclos, impulsos y transformaciones ideológicas. Este tipo de cambio es un un giro psíquico con un efecto sísmico global en la conciencia colectiva.
El artista suizo Thomas Hirschhorn y el artista residente en Los Ángeles Mark Bradtford ejemplifican “el poder formal e ideológico de yuxtaponer imágenes encontradas para crear comentarios que pueden abordar cualquier tema, desde lo social a lo político, desde lo surrealista a las fantasías o las confesiones personales”.
Después de subir por el hueco de la escalera alcanzando la planta superior, un extraordinario sentido de la apertura y la monumentalidad comienza a establecerse, y la exposición, después de todo, se vuelve apropiada y sincera. La sinceridad es la nueva ironía del siglo XXI.
Habiendo constatado el desafío inicial, el New Museum –un antídoto contra los espacios sobredimensionados y que no obstante tienden a desorientar al espectador– ha demostrado una vez más su papel como un laboratorio para el arte más actual, una utopía en un mundo de anti-utopías, un lugar donde lo que está en bruto y lo imperfecto es inevitable.
El nuevo edificio lo dice todo. Para el museo y su directora, Lisa Phillips, significa moverse hacia el futuro.
Mariano Del Rosario es es artista y profesor residente en Nueva York (EE UU).
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