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Hangar, la estrategia de la araña
Por Pablo G. Polite
“¡Más madera, que es la guerra!”
— Groucho Marx, Los hermanos Marx en el Oeste, 1940.
Tras un 2006 para olvidar por culpa de la progresiva reducción de espacios de trabajo creativo en Poblenou (Barcelona), como consecuencia de la primera fase de ejecución del llamado distrito tecnológico 22@, el centro de producción de artes visuales Hangar cumplió el pasado junio sus diez primeros años de vida sin saber realmente si había algo que celebrar -o, acaso, cómo celebrarlo-: Hangar ha sido la única institución que ha sobrevivido al conflicto que ha afectado al entorno fabril de Can Ricart tras la desaparición de Nau, Ca Font o Flea, algunos colectivos artísticos afines, como muchos otros del barrio, obligados a desplazarse a la periferia o desaparecer al no poder hacer frente a la pasividad administrativa. Polémicas y sinsabores al margen, Hangar ha superado en cada momento los obstáculos que ha encontrado y se ha plantado diez años después como ejemplo a seguir y modelo para el consistorio de Barcelona en la aplicación del Plan Estratègic de la Cultura y su política de fábricas para la creación. De prototipo de centro de producción, Hangar ha pasado a convertirse en referencia por su naturaleza de laboratorio artístico abierto a todas las disciplinas visuales pero también por su capacidad de generar ideas e iniciativas más allá incluso del ámbito de la propia producción y por su vocación pública inequívoca e implicación con su entorno.

Talleres de Pure Data & Processings. Cortesía de Hangar.
Creado el 20 de junio de 1997 por la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña (AAVC), Hangar ha sido desde el primer día una comunidad de artistas hecha por artistas para los artistas. Una célula activa en la producción de arte contemporáneo que ha ido dando respuesta a las necesidades surgidas del ambiente contextual de Barcelona y de los cambios generados en el terreno de la creación y de la producción cultural y artística. Además de sus 15 talleres, donde los creadores residen entre varios meses y dos años, el centro tiene un medialab (o laboratorio de nuevos medios), dos platós, un servicio de alquiler de equipos, técnicos y asesores de producción. No es, por lo tanto, un centro de arte contemporáneo al uso o, tal como lo solemos entender, expositivo: fomenta la investigación, la experimentación y la creación, y pone al servicio de los artistas todas las herramientas necesarias para sacar adelante su trabajo. Las actividades del centro –básicamente, talleres, presentaciones y workshops- han cubierto un amplio espectro de materias e intereses, desde feminismo y pornografía hasta software de código abierto como Processing o intervenciones de artistas reconocidos como El Perro o Estúdio Livre de Brasil, autores que han trabajado bajo el techo de Hangar como también lo han hecho o hacen Susana Solano, Pep Duran, Tere Recarens, Ibon Aramberri, Jordi Mitjà, Antoni Abad, Joan Morey, Vicens Casassas, Eulàlia Valldosera, girlswholikeporno, Evol, Juan Perdiguero, Virginia Colwell, Gabinete de Crisis, Zach Lieberman, Rubén Santiago, Pauline Fondevila, Johanna Reich, Graffiti Research Lab, Ricardo Iglesias, Sebastián Romo, Juan Carlos Bracho, Gerard Kögler o Simona Levi.

Johanna Reich, Orange. Cortesía del autor.
Son muchos los creadores que han pasado por el único centro de producción artística en Barcelona. Un lugar, al estilo del Kunstler Bethanien de Berlín o la Cité des Arts de París -aunque en otro contexto y con bastantes más limitaciones-, que tiene mucho que ofrecerles: intercambios internacionales con México, Holanda, Francia o Italia; cursos de formación continua en materia audiovisual, talleres sobre últimas tecnologías y su aplicación artística; alquiler de materiales y, lo más importante, espacio. Espacio para desarrollar trabajos, cualquiera que sea su disciplina. Hace 10 años, sus 15 talleres estaban ocupados mayoritariamente por pintores y escultores; hoy sólo queda un pintor y el resto de ocupantes se mueve entre la performance y las nuevas tecnologías aunque la pintura, el dibujo, la fotografía y el vídeo sigan presentes en la mayoría de las obras de los artistas residentes en Hangar. La política del centro, la de siempre: por un lado, el acceso público y democrático a las herramientas de producción; y por el otro, el apoyo a proyectos específicos de artistas de alto nivel como Antoni Abad, Montserrat Soto o Alicia Framis. Tres artistas, por citar sólo eso, a tres, que han trabajado casi codo con codo mientras Hangar libraba nuevas batallas y sacaba adelante la última de sus grandes iniciativas: la Red de Centros de Producción de Artes Visuales de Cataluña, un organismo que nace, como es costumbre, para llenar vacíos y que facilita el acceso a los recursos de producción para artistas en todo el territorio catalán. Por el momento, cuenta ya con la adhesión, entre otros, del Centre d’Art de Girona, La Capsa de El Prat de Llobregat, el Centre d’Art de Vic, la Nau Côclea de Caballera, Comafosca de Alella, el Centre d’Art La Rectoria de Granollers, Can Xalant de Mataró y Niu y Experimentem amb l’Art, ambos de Barcelona.
Pablo G. Polite es comisario y periodista independiente, reside en Barcelona.
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