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Isabel Muñoz: Detalles y miradas o los cuerpos como territorio

Por Kosme de Barañano

Isabel Muñoz – Serie Omo River, Etiopia, 2002En las fotografías de Muñoz el cuerpo humano, sus cicatrices, sus tatuajes, la masa se mueve y es habitada por la luz. Planos, cuerpos, y planos de luz, son partes de su fotografía: la materializan. En este conjunto de fotografías el punto de partida son una tribu de pastores y guerreros, los nyangatom, que habitan en la ribera del río Omo en Etiopía, la antigua Abisinia, cerca de Sudan y Kenia. Están realizadas en dos etapas en los años 2004 y 2005. No es la primera vez que su objetivo se fija en una tribu africana, ya lo había hecho antes con otra tribu, los surma, reportaje que obtuvo el World Press Photo del 2004.

Aunque las imágenes parecen asépticas, frías, la mirada de Isabel Muñoz no es nada neutral. Como List en su etapa más metafísica, persigue Muñoz una “fotografía interior” donde se desfiguran los límites entre realidad e ilusión. List creyó en la posibilidad de armonizar las imágenes externas con el interior y mostrar lo imperecedero del cuerpo humano. Fragmentos de esculturas, fragmentos de cuerpos y poses (en sus Tango), de vestidos (en su Flamenco), de posturas del torero (en su Tauromaquia), de gestos en sus bailarines de Camboya, los rituales cosificados en los torsos de los Nyangaton, las fotografías de Isabel Muñoz son en el fondo teselas de un gran mosaico que pretende detener el tiempo. Luz y sensualidad buscan conformar una poética, un canto como una música, como un Klagelieder, una lección de tinieblas.

Herbert List dejó escrito “de entre los cinco sentidos, el don de la vista es el más importante para mi. Por eso dedico mis esfuerzos a buscar la armonía entre las apariencias externas y las imágenes que habitan en mi interior”. Isabel Muñoz detiene el tiempo en los detalles, y monumentaliza esos momentos volátiles (del baile, de la escultura, de los cuerpos, del contorneo de un culo, del dibujo de unos dedos o unas palmas, de una cicatriz o de un tatuaje). Su manera de sentir y transmitir, trasladar el sentimiento de esas situaciones o lugares con su carácter atemporal, o que traspasa el tiempo del reloj, es fijarlo en su encuadre, revelarlo en sus papeles con textura. Su forma de sentirse viva, de ser libre, es entregándose a la captura, a la caza, de imágenes que en el fondo son sus iluminaciones de su espíritu.

Isabel Muñoz – Serie Omo River, Etiopia, 2002

Isabel Muñoz – Serie Omo River, Etiopia, 2002

Sus fotografías no son reportajes, aunque haya recibido el World Press Photo en el 2000 con sus imágenes de China o de nuevo en el 2004 con las de los surma. No son fotografías documentales sino espacios de meditación cifrados, breves, como un haiku. Componen una autobiografía, un libro de horas, aunque sea en el formato de un libro de viajes. Emociones, sensaciones, cuerpos y lugares, la sorpresa y el desagrado, la herida y la cicatriz, se graban en este discurso plástico, un discurrir por muchos países, por diferentes tribus, pero que en el fondo es un viaje por dentro de ella misma. De alguna manera es cuaderno de bitácora, de pensamiento, como lo es el libro de 1906 The Mirror of the Sea de Joseph Conrad.

Su fotografía va más allá del documento, del reportaje social para cifrarse como actividad artística. Vestidos y superficies, gestos y movimientos crean un aire de misterio. La tensión entre formas y materiales, la delicadeza del detalle fijado de un conjunto en si quizá brutal mantiene alerta nuestra mirada, entonces el todo cobra valor en la calidez, en la temperatura que nos da la mirada de la fotógrafa. La mirada de Muñoz no posee al retratado, no lo miramos a los ojos, resulta todo bello por la distancia, por el detalle. Hay una mezcla de musculosidad y delicadeza, de atmósfera íntima como en el propio contenido de las fotos: son grandes papeles pero que tratan detalles. Muñoz, como Weston, sabe que mientras el dibujo o la pintura tienen un lenguaje propio, la fotografía cita de la realidad, toma una aparición de la realidad con el “objetivo”, y al elegirla la simplifica. El detalle, en la paradoja de la simplificación, aumenta el objeto de la mirada, el torso se convierte en elemento autónomo; la fotografía deja de ser reportaje y se convierte en obra autónoma.

En el fondo subyace en estas fotografías transversalidad más que transparencia, referencia histórica más que imagen abstracta. Son imágenes audaces en las que aparece la elegancia de lo bien enfocado, de una mirada que arrastra mucha historia. En las fotografías de Isabel Muñoz de arquitectura oriental, encontramos la sonrisa y los gestos que aparecen en la pintura de Andre Derain. En las fotografías del Barroco está ese sentido de la piedra, de su estado de cera moldeable, que se patentiza en las esculturas de Bernini. En las de las danzas de Camboya resuenan los gestos de las manos que en guache dibujó Auguste Rodin al final de su vida.

Con la fotografía la realidad del espejo reaparece en el plano separado del soporte: el daguerrotipo y sus variantes se han convertido en documento, pero buscan algo más. En 1858 Teophile Gautier señaló “nuestro siglo, atareado, no siempre tiene tiempo para leer, pero sí para ver”, sentencia cuya vigencia sigue siendo actual. La obra de Isabel Muñoz recoge, al margen de ese carácter de Klagelieder, de lamento sobre la realidad, una fuerte presencia de la historia del arte. Una mirada culta, como los cuentos de Julio Cortázar, donde sus fotos son fragmentos, teselas de un mosaico siempre incompleto. Como en esta exposición se pone de manifiesto, no es lo importante y renovador la fotografía en sí, como medio, sino la capacidad del sujeto que la maneja y su capacidad de pensamiento visual, el tener algo que decir, y hacerlo con arte, duende o como se llame a la originalidad. No es la técnica impecable de Isabel Muñoz lo que es el material base de su arte sino la fuerza poética que impregna cada una de estas imágenes.”.

Extracto del catálogo de la exposición “Etiopía”. Cortesía del autor y de la Galería Dolores de Sierra, Madrid (España).

Kosme de Barañano es profesor de Historia del Arte y comisario

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