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La zorra ha vuelto: Una entrevista con Kathe Burkhart
Por Brian Curtin
Kathe Burkhart es reconocida como la auténtica ‘chica mala’. De un modo útil, e incluso afortunado, la continua provocación e inteligencia de su obra como artista visual y escritora rechaza las implicaciones más pueriles de esta calificación. Es especialmente famosa por su serie de pinturas tituladas Liz Taylor Series realizadas durante los últimos 25 años, que serán objeto de una monografía publicada por Regency Art Press el próximo Noviembre. Otros de los trabajos de Burkhart incluyen retratos de sus ex-amantes como instrumentos medievales de tortura y fotografías de las ventanas escaparate de los sex-shop de Amsterdam. También ha publicado dos novelas, y está cerca de completar el manuscrito Dudes (“casi pornográfico”). Al término de mi entrevista, ella me comentó que la gente del cine le ha animado a escribir un guión basado en su novela Between the Lines, inspirada en 79 cartas de amor que su tía abuela recibió de una mujer. “Esto podría ser realmente un Brokeback Mountain de mujeres…”.
Ha habido un resurgimiento del interés por el arte feminista coincidiendo con exposiciones muy destacadas. ¿Ha sido incluido tu trabajo en alguna de ellas?
¡No! No fui incluida en WACK! Art and the Feminist Revolution ni en Global Feminism. ¿Lo puedes crees? Supongo que soy demasiado joven para una y demasiado mayor para la otra. Mi enfado original dejó paso a la satisfacción por no haber sido arrinconada en una especie de ghetto del género, que al fin y al cabo habría limitado mi trabajo. Sin embargo, si fui incluida en Shared Woman en el LACE de Los Angeles, en cierto modo una respuesta a WACK!.
¿Cuál es tu opinión sobre este resurgimiento?
Supongo que siempre hay un retraso en el tiempo histórico, desde el momento en el que se hace una obra, hasta que es recibida por el gran público. Esto se refleja actualmente en el hecho de que se están organizando este tipo de exposiciones. Pero yo veo que el ‘feminismo’ tal como se está difudiendo ahora, no es más que una subcultura como lo punk o lo gay. Lo que me preocupa realmente es la terrible confusión entre feminidad y feminismo, que son dos cosas completamente diferentes. Esto es particularmente problemático cuando las nociones esencialistas de “lo femenino” se manifiestan como feminidad, victimización o preocupación por las funciones biológicas, haciéndolo pasar por feminismo. Así mismo, ser una mujer no te hace automáticamente feminista, lo mismo que ser un hombre no te hace automáticamente misógino.

Kathe Burkhart, Cocksucker from the Liz Taylor Series. Courtesy: the artist.
Estoy pensando en las pinturas de Lisa Yuskavage
Odio las pinturas de Lisa Yuskavage. Pienso que han hecho mucho daño confundiendo a la gente acerca de lo que es el tema feminista en el arte. Ha sido afortunada al conseguir mantener esta idea errónea durante tanto tiempo. El fetichismo de lo exquisitamente pintado, la preocupación por lo (hecho con cuidado) artesanal, ese odio por sí misma de la chica gorda, o las cualidades de ‘muñeca Keen/Normal Rockwell’. En definitiva, lo veo todo ello como profundamente anticuado y anti-feminista.
¿Entonces utilizas un medio que no te gusta demasiado?
Bien, la pintura es el medio por excelencia históricamente, ¿así es no? Todo lo que queda por hacer con él es deconstruirlo. Si lo que buscas es verosimilitud, haz una fotografía.
¿Puedes extenderte más sobre lo que entiendes por esencialismo en el arte visual?
Creo que la relación entre el artista y su obra es una cuestión enormemente personal. Siempre tenemos que juzgar un trabajo por las intenciones del artista y no pienso que podamos separar completamente la identidad de un artista de su trabajo. Esto puede ser más o menos evidente en la obra, dependiendo del tema que aborde, pero en un sentido relativo, todo trabajo es autobiográfico (siempre de cualquier modo en un sentido práctico). Así pues, si alguien se esfuerza por hacer algo –cualquier cosa– esto viene a demostrar la importancia de la memoria y la memoria está conectada con la identidad, con la subjetividad. Si el artista oculta sus intenciones, o no hay ningún significado distinto de la manera en la que obra se ve o se lee –lo que sea– el trabajo se convierte en una tabula rasa en el que el espectador puede proyectar sus fantasías. Esto se llama formalismo. Por otro lado, yo misma estoy más interesada en el trabajo, sea literario o visual, donde el yo y lo social chocan.
Una vez comentaste que la escritura es un medio mejor que el arte visual “para explorar los ritmos internos del cuerpo”. Esta es una afirmación fascinante.
Debí de haberme referido a la idea de Helene Cixous acerca de la ‘escritura del cuerpo’, ella ha sido una gran influencia. Pero para ser más específica, el arte conceptual se planifica con mucho detalle, mientras que escribir es inmediato y espontáneo, incluso si se tiene que editar. Una vez que has conseguido la palabra, ahí está físicamente en la página. La poesía o las notas en diarios son ráfagas incontroladas que surgen cuando se sienten así, y aquí no hay ninguna planificación. Un poema que es creado de una vez, este es el mejor ejemplo. Dibujar puede ser algo parecido, pero menos a menudo. Supongo que la notación es la clave de esto.
Brian Curtin es artista visual y escritor residente en Bangkok
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1 comentario
1. lidia // Mayo 6, 2008 - 11:13 #
hola soy una estudiante de bellas artes
y me interesaria poder inculir a esta artista en mi trabajo d comisariado pero no encuentro obras de ella ni su localizacion.
le agradeciria que si tuviera algun tipo d informacion acerca d obras suyas o d otros artistas relacionados con la violencia me enviara un correo a la direccion k adjunto.
un saludo
lidt_87@hotmail.com
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